El automóvil del mañana se está ya construyendo.

Suena el despertador, son la siete de la mañana. En el “smart-phone” puedo ver un aviso que me indica el punto preciso en dónde se encuentra aparcado el coche que el sistema me ha asignado para hacer el viaje. De todos los vehículos disponibles me proponen el más próximo al lugar en el que he pasado la noche. Hace tiempo que ya no tengo coche en propiedad, con la tarjeta de la empresa de “car-sharing”, dispongo de uno distinto cada vez que lo necesito.

Monto en el coche a la hora prevista. Como había pedido, la temperatura dentro es de 18 grados, algo que se agradece cuando sabes lo frío que puede estar un coche después de pasar una noche de invierno a la intemperie. Enciendo el motor y me acuerdo de los tiempos en los que para entrar y encender el coche era necesaria una llave, hoy todo funciona con la tarjeta electrónica que te facilitan al hacerte miembro. Todavía me llama la atención el diseño de éstos coches: su autonomía, que ha alcanzado ya los 600 kilómetros se ha conseguido también a base de una aerodinámica muy cuidada y el uso de materiales ligeros (composites, aluminio,…), haciendo que el diseño de los coches tal y como había sido hasta ahora haya evolucionado enormemente.

Apenas me entero de que el coche ya ha arrancado, los motores eléctricos son realmente silenciosos comparados con los de explosión interna, especialmente con los diesel. En la amplia pantalla que ocupa el salpicadero puedo ver el plan de viaje: tiempo estimado al punto de destino así como una parada programada en la electrolinera: una carga rápida me lleva unos 20 minutos, tiempo que aprovecharé para tomar un café. Desde que han aparecido las electrolineras y teniendo en cuenta que los tiempos de “repostaje” se han alargado, las tiendas y restaurantes en las estaciones de servicio han adquirido una nueva dimensión.

Después del café, me acuerdo de que debo repasar las notas para la reunión: decido activar el modo de conducción autónoma en la autovía. Sólo hace unos meses que, tras largas discusiones para adaptar la “Convención de Viena” a las nuevas tecnologías, la UE ha dado el visto bueno para los sistemas de conducción “hands-off” (manos fuera del volante). Ha habido una fuerte controversia sobre el grado de madurez de estos sistemas, pero la UE, para evitar el tipo de trabas legislativas que obligaron a “Amazon” a ensayar sus drones de entrega fuera de EEUU, optó por una legislación más ambiciosa. Todo esto ha revolucionado el mundo de las aseguradoras, optando unas por subir sus pólizas (las que veían un riesgo…) mientras que otras ofrecen bonificaciones en los coches equipados con estos dispositivos (las que consideraban el sistema más fiable que los propios humanos).

Es muy probable que esta descripción, que puede sonar para muchos más propia de una película de ciencia ficción que de una realidad próxima, corresponda a la experiencia cotidiana de los usuarios de servicios de movilidad en el año 2020. Tanto a nivel tecnológico, como social e incluso legal se están dando los pasos para que todos estos avances se materialicen en los próximos cuatro o cinco años. El mundo del automóvil, en particular, y el de la movilidad, en general, están sufriendo cambios como nunca antes se habían producido. Es posible, incluso, que todas estas predicciones se queden cortas si proyectos como el que anuncia Airbus para este 2017 acaban cogiendo cuerpo (el “Flying Taxi” by Airbus):

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