Coche eléctrico: la verdad más allá del mito.

Vivimos una especie de vorágine entorno a los vehículos llamados de “cero emisiones”: la fuerte presión a nivel medioambiental asociada a las emisiones de CO2 y el efecto invernadero, la sensibilización existente en las grandes urbes entorno a la emisión de partículas contaminantes o los recientes escándalos por la manipulación de los motores para “puentear” los controles reglamentarios, han hecho que los vehículos eléctricos se encuentren de nuevo en el punto de mira de los grandes fabricantes. Pero, ¿qué hay detrás de los coches eléctricos? ¿Presentan realmente tantas ventajas? ¿Sus inconvenientes ya no lo son más o hay que esperar todavía algunos años para que se conviertan realmente en un producto atractivo para el cliente medio? ¿Qué hay de mito y qué hay de realidad detrás de esta tecnología que ahora parece estar en la cresta de la ola? Pues aquí van algunas pistas para entender el porqué (o el porqué no…) los coches eléctricos van a marcar en un futuro próximo la tendencia del mercado.

Los coches eléctricos contaminan menos: Es indiscutible que los coches de propulsión eléctrica no emiten contaminantes. Esto de por sí es ya una ventaja cuando hablamos de grandes urbes en dónde la concentración de vehículos es elevada y el suprimir estos contaminantes (tanto gaseosos como en forma de partículas) es un paso imprescindible para asegurar unas condiciones mínimas de salubridad en estos lugares. Otra cosa distinta es creer que el mero hecho de reemplazar motores de combustión por motores eléctricos va a eliminar la emisión de CO2 a la atmósfera asociada a la utilización de éstos vehículos. Esto dependerá en gran medida de que la transición hacia los coches eléctricos se haga acompañada de la transición hacia energías renovables: los coches eléctricos dejarán de contaminar en la medida en que este cambio sea una realidad.

Los coches eléctricos minimizan la contaminación acústica: Efectivamente, un motor eléctrico que no es más que un rótor que gira dentro de un estátor, no hace prácticamente ruido en funcionamiento. Si los comparamos con sus primos lejanos los motores de combustión interna, mucho más complejos mecánicamente y que, como su nombre indica, se basan en la explosión de un combustible, juegan en otra división. Sin embargo, esta falta de sonoridad tiene también su parte negativa: nos hemos acostumbrado tanto al sonido de los vehículos que la ausencia de ruido asociada al movimiento de un coche puede convertirse en un peligro, a la hora, por ejemplo, de cruzar una calle sin mirar. En EEUU, a partir de septiembre 2019,  este tipo de coches deberán estar equipados de un dispositivo sonoro que permita identificarlos cuando rueden a baja velocidad.

Los motores eléctricos son mucho más eficientes que los motores de combustión interna: Sobre este aspecto no hay lugar a dudas. Mientras que los motores convencionales presentan un grado de eficiencia entorno al 35-40% (nunca ha sido su punto fuerte la transformación de la energía interna en energía cinética…) la eficiencia de los motores eléctricos es entorno al 96%: muy pocas pérdidas tanto por frotamiento como térmicas. Éste es uno de sus principales atractivos en un entorno en el que el aprovechamiento de los recursos (en este caso la energía) se está convirtiendo en un factor clave de la nueva economía.

Los motores eléctricos son más robustos: También derivada de la sencillez mecánica de estos motores así como la existencia de menos órganos móviles sometidos a fricción, la robustez es una característica a destacar de estos motor frente a los de combustión interna. Esto se traduce en un menor mantenimiento y una mayor fiabilidad (menor riesgo de averías).

Los motores eléctricos tienen un excelente par (fuerza) desde velocidades muy bajas: La curva de par de un motor convencional es en forma de bañera invertida, es decir, presenta poco par a bajas revoluciones y a muy altas, consiguiendo un valor más o menos contante a revoluciones intermedias. Esto obliga a acoplar un sistema de transmisión con distintos engranajes (las cajas de velocidades) para compensar la ausencia de fuerza del motor bajo determinadas circunstancias, encareciendo el producto final. En los motores eléctricos la curva es plana desde el principio (los coches eléctricos presentan una gran aceleración desde bajas revoluciones) hasta llegar a un régimen de una 14000 rpm en dónde comienza a decaer.

El diseño mecánico de un coche eléctrico es mucho más sencillo: Ésto, que parece una obviedad, se traduce en una remarcable sencillez de la parte mecánica del coche: no hay transmisiones, embrague, tubo de escape, silenciador, filtro de partículas, depósito de gasolina o bujías por citar algunos de los componentes ausentes. Además, la marcha atrás se consigue únicamente invirtiendo el giro del rótor, no es necesaria una caja de velocidades para invertir el sentido del desplazamiento.

La energía de frenado se aprovecha y no se pierde: Esto es cierto en aquellos vehículos eléctricos equipados de sistemas de frenado regenerativos, en los que se aprovecha la energía de frenado para que el motor funcione como un alternador que produce energía y carga la batería.

Los vehículos eléctricos sólo consumen energía cuando el usuario lo necesita: Con el pié levantado del acelerador no hay consumo, no es necesario un dispositivo adicional del tipo “Start & Stop” habitual ahora en los motores de combustión interna.

Los coches eléctricos se pueden cargar en casa: Cierto, aunque la carga doméstica es y seguirá siendo una carga lenta (los dispositivos de carga rápida no serán factibles en un entorno doméstico aún por algún tiempo) no se puede negar que tener la “electrolinera” en casa es una ventaja que hoy en día sería impensable  si de una gasolinera se tratase.

Los vehículos eléctricos necesitan menos aceite: Fuera del aceite utilizado en la reductora dentro del propio motor eléctrico, los coches eléctricos no utilizan ningún tipo de aceite lubricante. Los tiempos de llevar el coche al taller para cambiar los distintos aceites ha llegado con estos coches a su fin.

 

Pero no iban a ser todo ventajas, así que aquí va la lista de algunos de los inconvenientes asociados a los coches eléctricos y que esperamos que con el paso del tiempo encuentren una solución:

– Por supuesto, la escasa autonomía de estos coches: aunque estudios recientes muestran que el 90% de los usuarios hacen de media menos de 90 km/día no podemos olvidar que esta media (la estadística resulta a veces engañosa) no nos evitará el fastidio de tener que calcular dónde se encuentra la “electrolinera” más próxima con el cargador adecuado a la hora de planificar nuestros viajes. Empezamos a ver en el mercado coches eléctricos a precio razonable con autonomías reales próximas a los 400 kilómetros y se espera que esta autonomía vaya aumentado de forma significativa en los próximos años, pero esta limitación supone sin duda todavía un handicap importante.

El “tiempo de carga”, mucho más largo que un repostaje tradicional. Los cargadores ultra-rápidos como los diseñados por Tesla han reducido de forma significativa estos tiempos (270 km de autonomía en 30 minutos) pero siguen superando de lejos los tiempos a los que estamos a día de hoy habituados.

La red de electrolineras es todavía muy reducida, aunque distintas iniciativas tanto privadas como con apoyo institucional están haciendo que esta red crezca de forma exponencial.

– Desde un punto de vista de sostenibilidad, existen algunos aspectos que deberán ser todavía afinados para asegurar la idoneidad medioambiental de este tipo de vehículos. Este es el caso del reciclado de las baterías de ion-litio, altamente contaminantes si no siguen un proceso de reciclado adecuado.

– Aspectos ligados a la seguridad, como pueden ser la manipulación de este tipo de coches que necesitan una habilitación específica para minimizar los riesgos asociados a la corriente eléctrica, al igual que los problemas derivados del riesgo de explosión de las batería de ion-litio (problemas más mediáticos en el mundo de los teléfonos móviles pero que no son ajenos al mundo del motor).

 

Como no hay verdades absolutas, un video en el que el ambientalista danés Bjørn Lomborg argumenta que los coches eléctricos no sólo no reducirán el CO2 sino que lo aumentarán. A cada uno el sacar sus propias conclusiones 😉

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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