¿ Uber, Blablacar, Car2Go,…? ¿Realmente sabemos lo qué son?

Continuamente nos llegan noticias sobre nuevas aplicaciones relacionadas con el mundo de la movilidad. Vemos como grandes firmas tradicionales del automóvil apuestan por alternativas de movilidad y como actores tecnológicos se interesan por un mercado que no es, en principio, el suyo. Así mismo, asistimos a reacciones de colectivos que ven amenazado sus negocios y cómo las distintas administraciones intentan adaptar la legislación existente a una nueva realidad que parece escapárseles de las manos. Pero, ¿sabemos realmente en qué consisten estos nuevos servicios? ¿Conocemos cuáles son sus implicaciones o quiénes están detrás de éstos?

Hay muchas formas en las que podríamos clasificar los servicios de movilidad que están surgiendo, pero si partimos de los negocios tradicionales a los que hacen competencia es posible que comprendamos más fácilmente de lo que estamos hablando. Si pensamos en el servicio tradicional proporcionado por los taxistas, es decir, en los que el contrato incluye el servicio de un conductor, uno de los primeros nombres polémicos que nos viene a la cabeza es Uber. Esta empresa ha sido capaz, a través de su aplicación, de facilitar el contacto entre clientes y conductores no profesionales (o semiprofesionales con unos controles establecidos por la propia empresa pero mucho más aligerados que los vigentes en el sector tradicional) abaratando considerablemente los costes. La política llevado por Uber ha sido desde el principio muy agresiva, basada en un modelo que se ha movido siempre en los límites de la legalidad. Este moverse al filo de la legalidad le ha permitido evitar los costes asociados a un mercado excesivamente regularizado y controlado, lo que ha acarreado reacciones virulentas de los profesionales del sector así como sentencias legales que han limitado sus servicios, como ha ocurrido en España.

La respuesta del sector tradicional del taxi para intentar combatir esta nueva amenaza en su propio campo no se ha hecho esperar. Para ello han apostado por un servicio que combina las garantías tradicionales de las que el sector hace gala con las ventajas de las nuevas tecnologías: así han aparecido aplicaciones como Mytaxi o Cabify, más orientado a los servicios de alta gama.

Si pensamos en el negocio tradicional del alquiler de coches, aquí aparece el concepto del “carsharing” que no es otra cosa que el alquiler de coches orientado especialmente a periodos cortos. ¿Por qué tener un coche en propiedad, con todos los gastos que acarrea, si pudiésemos pagar sólo por su uso? ¿Por qué no compartir el uso de los coches sabiendo que la mayor parte de la vida útil de los mismos se la pasan parados? Este modelo no sólo abre un campo muy interesante desde el punto de vista del ahorro del cliente sino que responde a principios de optimización de recursos y eficiencia de los mismos. Los nuevos actores de estos servicios (Car2Go del grupo Daimler es posiblemente uno de los más conocidos, aunque aparecen todos los días nuevos operadores como es el caso de Emov del grupo PSA o Respiro participado por Alsa), vienen justamente para ocupar ese hueco al que las compañías tradicionales de alquiler de vehículos no han sabido responder. Primeramente, ofreciendo coches que tarifan únicamente por el tiempo real de utilización, en especial para desplazamientos cortos, tan habituales en las grandes urbes, tarifando incluso por minutos. Después, proponiendo coches que estén accesibles en distintos puntos de la ciudad y a los que se puede acceder fácilmente sin tener que desplazarte a un único punto de recogida. Y, por último, coches cuya gestión se haga vía dispositivos móviles, simplificando enormemente su gestión.

En un punto intermedio entre los servicios de taxi y los de alquiler de vehículo se encuentran los conocidos como “carpooling” que es, a grandes rasgos, el uso simultáneo del coche por personas con similares necesidades de desplazamiento, uno de cuyos referentes es BlaBlaCar. En este caso entramos de lleno en lo que se conoce por economía colaborativa, y en dónde la relación es cliente/cliente. La idea es buscar el aprovechamiento máximo de los medios particulares (coches de particulares) para maximizar el uso compartido de los mismos (¿porqué viajar sólo si tengo cinco asientos?) con todos los beneficios que eso conlleva: para el medioambiente, por la optimización del uso de un medio contaminante y para el particular, que consigue unos ingresos extras.

El crecimiento de estos servicios a los largo y ancho del planeta está siendo significativo y el número de operadores no para de crecer (Lyft, Zipcar, Enterprise, Getaround, DriveNow, BlueLy,…). En un estudio recientemente realizado por la consultora KPMG los profesionales del sector del automóvil identificaban la movilidad y los servicios asociados como uno de los factores claves de su futuro más próximo. También en un artículo reciente, la revista “The Economist” estimaba que un correcto despliegue de los servicios de movilidad permitiría dividir por quince el número de automóviles necesarios para nuestros desplazamientos. Todos estos datos parecen confirmar la importancia de los servicios de movilidad en un sector como el del automóvil cuyo futuro está todavía por dilucidar.

Y para los escépticos, una historia de éxito de nuestros vecinos franceses, sobre los servicios de movilidad en París:

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