El impuesto al sol. ¿Es tan absurdo como parece?

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Últimamente volvemos a oír hablar mucho del conocido “impuesto al sol”, pero muchas veces se tiene la impresión de que se politiza el debate y de que la información que recibimos es sesgada o incompleta, acabando por presentar el problema con datos que no resultan claros para la persona de la calle que no tienen porqué conocer los detalles de un mercado que puede ser de todo menos evidente. Sirva de ejemplo el recibo de la luz.

 ¿En qué consiste el impuesto al sol? Para empezar, si le preguntásemos al ministro él preferiría hablar de “peaje de respaldo” que no es más que una manera delicada de designar al impuesto que se aprobó en un Real Decreto en octubre de 2015 (RD 900, 10/10/2015) que impone un gravamen al autoconsumo energético. Es decir, gravar la energía que nosotros mismos nos generamos. Según el gobierno, es la mejor manera de contribuir a los costes del sistema eléctrico y se hace a través de un peaje solidario para que el sistema eléctrico no peligre.

¿Afecta a todas las instalaciones equipadas de placas solares? Pues no, sólo están afectadas aquellas instalaciones que estén además conectadas a la red eléctrica. Está claro que sería ir demasiado lejos intentar “cobrar” un peaje solidario para pagar una red y un sistema del que no se hace uso en absoluto.

Entonces, ¿Por qué tanto lío? Con no conectarse a la red bastaría… Resulta que la energía solar, como ocurre con otras energías renovables, tienen un problema, el de que no podemos disponer de ella siempre que la necesitamos. Con el abaratamiento experimentado en el coste de las baterías este problema ha disminuido al poder almacenarla pero todavía es necesario estar conectados a la red para suplir las zonas valle en las que la energía generada no es suficiente.

¿En qué se basa el gobierno para considerar necesario dicho impuesto? Aquí es dónde empiezan los problemas. Se dice que de no establecer dicho impuesto, habrá un impacto negativo importante en los Presupuestos Generales del Estado (PGE), debido a que los ingresos asociados al IVA serán menores: menos energía suministrada por las eléctricas implica menos ingresos del Estado. Esta afirmación se trata de un análisis sesgado del autoconsumo en dichos presupuestos: obvia el efecto en las inversiones que las instalaciones de autoconsumo generan con el consecuente aumento de los ingresos fiscales, a nivel, por ejemplo, del propio IVA asociado a las instalaciones o al aumento en el impuesto de sociedades generado por el incremento de la actividad en un sector pujante como el de las energías renovables. E incluso si diésemos por bueno el análisis realizado por el gobierno, el impacto económico en los PGE habría que buscarlo en los decimales…

Si el impacto en los presupuesto no es tan relevante, ¿cuál sería el efecto más importante de dicho impuesto? A juicio de un gran número de asociaciones y de la mayor parte de los grupos de la oposición, supone una clara política de penalización de las energías renovables, el ahorro y la eficiencia energética. También la Comisión Europea a través de su Departamento de Energía ha criticado la propuesta, haciendo una referencia específica a “las trabas administrativas que desde España se ponen al autoconsumo”.

En definitiva, ¿cuáles son las razones para pensar que esta medida no es la adecuada en estos momentos? Razones hay muchas. La primera, España es un país con una alta dependencia energética, mayor que la media europea. Eso quiere decir que somos grandes importadores de energía, y en el país de la Unión Europea que presenta la mejor situación geográfica para poder sacar beneficios del sol, la política que se está llevando es claramente la contraria a reducir esta dependencia. Esta política no es exclusiva del caso de la energía solar, es extensible a todas las energías renovables: España se sitúa por debajo de la media europea y lejos de poder cumplir con el objetivo de un 20% de energía producida por fuentes renovables en el horizonte de 2020. Además, los objetivos de reducción de CO2 con los que se ha comprometido tanto España como la UE (reducción de al menos un 40% para 2030) serán difícilmente alcanzables sin un apoyo claro por parte del gobierno a las energías verdes. Es difícil de entender que la promoción de fuentes renovables y autóctonas no sea una prioridad del gobierno sin importar el color político.

Entonces, ¿por qué el gobierno insiste en apoyar el llamado impuesto al sol? Bueno, aquí entramos ya en terreno pantanoso, en el que es mejor limitarse a los hechos. Por un lado, la tecnología fotovoltaica al igual que la de las baterías están reduciendo de forma muy significativa sus costes, haciendo que el autoabastecimiento se convierta en una verdadera alternativa para muchas familias. Si esta evolución se consolida, el peso de la eléctricas va a cambiar significativamente, sobre todo si no se les “concede” el tiempo suficiente para acomodar sus estrategias al nuevo escenario.

En 2012, durante el transcurso de una conocida feria de renovables, el director de prospectiva regulatoria de Iberdrola presentó una ponencia: “Análisis del autoconsumo en el marco del sector eléctrico español”. En aquella ponencia se apuntaba ya “la necesidad de una tarifa de respaldo”. Teniendo en cuenta la larga tradición a las puertas giratorias existente en la política española se hace difícil creer que los intereses de las grandes eléctricas no están detrás de este marco regulatorio que, de otra manera, sería difícil de entender.

 

 

1 Comment

  1. Me parece acertadisimo el analisis que este articulo hace de este tema.
    Resulta sangrante la inaccion e inoperancias politicas, derivadas de las puertas giratorias y de sus intereses particulares.
    Una vez mas, el politico legislando pa unos amigotes.
    Me duele comprobar, una vez mas, la estulticia del español medio, su cortoplacismo y su falta de agudeza visual, votando una vez y otra a quienes se rien se ellos.
    Como diria forges: …pais…

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