Noruega: Los vikingos que se movían en eléctrico

Noruega es un país peculiar, del que habitualmente nos acordamos cuando se quieren buscar referentes en temas tan dispares como el grado de felicidad, la renta per cápita o incluso la esperanza de vida. Pero lo que no todo el mundo conoce es que este país, el menos poblado del mundo, posee otro primer puesto a nivel mundial en lo que se refiere al porcentaje de vehículos eléctricos que circulan por sus carreteras. Para hacernos una idea bastaría con decir que la penetración de este tipo de vehículos ha sobrepasado estos últimos años el 30% de las ventas totales, cifras que suenan a ciencia ficción en el resto del planeta.La gran paradoja de este fenómeno es que Noruega posee el fondo soberano más importante del planeta y, adivinen ustedes, gracias a sus exportaciones de gas y petróleo: sólo Arabia Saudí y Rusia exportan más petróleo que este paraíso nórdico. ¿Cómo se explica entonces el grado de compromiso de los noruegos hacia los vehículos que no utilizan hidrocarburos? Para entender este fenómeno es necesario hacer un poco de historia.

Lo primero que llama la atención, teniendo en cuenta la gran riqueza en hidrocarburos que posee Noruega, es que más del 98% de la energía que consumen procede de fuentes renovables, casi en su totalidad de centrales hidroeléctricas. Se prevé incluso que en 2020 la producción de energía renovable sobrepase el consumo total del país. En este escenario, en términos de emisiones de CO2, las ventajas del coche eléctrico son indiscutibles. No olvidemos que uno de los principales argumentos esgrimidos por los detractores de los eléctricos es que en aquellos países en los que el mix energético sea favorable a la energía proveniente de hidrocarburos el balance de emisiones de CO2 si se bascula a un modelo de movilidad eléctrica queda fuertemente comprometido. Primera lección de nuestros amigos los noruegos: la transición hacia el transporte eléctrico se debe hacer acompañada de la transición hacia el uso de energías renovables. De no hacerlo así carece de sentido.

Pivco PIV3 electric vehicle, front and rear view. (Image taken by Egil Kvaleberg)

El origen del idilio de Noruega con el coche eléctrico hay que buscarlo muy atrás, en la década de los 90. Por aquel entonces el gobierno noruego apoyó, aunque luego se demostraría que sin éxito, un incipiente mercado doméstico de firmas dedicadas al desarrollo y fabricación de coches eléctricos. Este fue el caso de empresas como “PIVCO” que posteriormente se llamaría “Think” o de “Kewet”, conocida más tarde como “Buddy”. Este interés, que era en principio económico, encontró rápidamente el apoyo de una sociedad con fuertes convicciones medioambientales a la vez que con el poder adquisitivo suficiente para permitirse la compra de unos coches proporcionalmente más caros y que, en muchos casos, suponen un segundo coche en familias en dónde tener dos es lo cotidiano.

NEVA: Norwegian EV Association.

Otro de los factores clave en el éxito noruego lo constituyó el amplio consenso existente entre los distintos agentes sociales: partidos políticos, gobierno y empresas compartieron una visión común que rápidamente se materializó en medidas concretas. Se creó una importante agencia estatal, ENOVA, para el apoyo y promoción de las iniciativas enfocadas a impulsar el modelo eléctrico. Las principales empresas del sector eléctrico se involucraron en la creación de las infraestructuras necesarias para poder dar servicio al nuevo parque: a día de hoy, Fortum, la mayor eléctrica noruega, posee la red de electrolineras más importante del país. Conjuntamente con otras empresas como es el caso de Gronn Kontakt, el segundo operador en electrolineras noruego, han conseguido que en 2017 existan al menos 2 electrolineras cada 50 kilómetros. Además, la asociación de propietarios de coches eléctricos noruegos, NEVA (Norvegian EV Association), cuenta con más de 35000 miembros que funcionan como un importante “lobby” a la hora de orientar las políticas del gobierno.

El nuevo Plan Nacional de Transporte noruego aprobado recientemente marca todavía objetivos más ambiciosos: se busca que en 2025 el 100% de los nuevos coches, furgonetas y autobuses urbanos que estén en el mercado sean de propulsión eléctrica. Esto no se hará como algunos medios internacionales han reflejado por medio de una prohibición de la venta de coches de propulsión tradicional, sino que se busca que los precios de los carburantes así como los impuestos que graven los coches de combustión interna sean lo suficientemente disuasorios para que la transición de haga de forma natural.

Actualmente, uno de los aspectos que han resultado más polémicos a la hora de definir estos nuevos objetivos es el que concierne a los incentivos. Nadie duda de la eficacia que éstos han tenido para el éxito del coche eléctrico en Noruega: si se compara anualmente el aumento de sus ventas con la aplicación de los diferentes incentivos económicos se ve que existe un paralelismo casi perfecto. Es decir, incluso en una sociedad fuertemente concienciada y con un alto poder adquisitivo los incentivos económicos han sido el factor clave: exención de tasas de compra al vehículo, extremadamente caros para la compra de automóviles; reducción de hasta un 25% en el IVA; rebajas en el impuesto de circulación; autopistas, ferris y parkings municipales gratuitos; exención para empresas del 50%… Sin embargo, la continuidad de algunas de ellas está en entredicho a causa de que algunas voces afirman que estas medidas podrían entrar en conflicto con otro objetivo de mayor entidad: a término, no solo deben desaparecer los motores de combustión interna, sino que debe disminuir el número total de coches, optimizando el uso que hacemos de ellos. De cualquier manera, es posiblemente prematuro el poner este debate sobre la mesa, pues aunque es cierto que el crecimiento de los vehículos eléctricos en Noruega está siendo muy importante, no es menos ciertos que incluso en este país el parque eléctrico supone apenas el 3% del parque total.

Otra de las cosas que podemos aprender de estos “early adopters” del norte es cómo está resultando esta transición y si los riesgos sobre este tipo de coches que algunos sectores han defendido tenían o no fundamento: una encuesta realizada en 2015 en el país a propietarios de vehículos eléctricos mostró que el grado de satisfacción era muy elevado (más del 90% afirmaban estar gratamente sorprendidos) y a la pregunta sobre si experimentaban algún tipo de ansiedad asociada a la falta de autonomía de sus coches un 22% respondieron afirmativamente: si tenemos en cuenta que esta encuesta se realizó en 2015 y que los progresos en términos de autonomía en estos dos últimos años han sido remarcables, habría que pensar que este porcentaje sólo puede disminuir a medida que los nuevos modelos salgan al mercado. Así mismo, la encuesta mostraba la influencia positiva de estos propietarios a la hora de animar a otros personas a la compra de un modelo eléctrico: de media la encuesta mostraba que habían influido a unas tres personas por cada encuestado.

Top 10 EV en Noruega (cleantechnica.com).

Es a destacar igualmente cómo el gobierno noruego que ha sido hasta ahora el principal motor de la transición eléctrica está transfiriendo progresivamente a los gobiernos locales el testigo. Medidas como permitir a los vehículos eléctricos circular por el carril bus o la gratuidad en los parking municipales están remplazando a otras promovidas a nivel central. Una vez que la primera fase de asegurar las infraestructuras y de conseguir un parque crítico han sido alcanzadas, el gobierno central empieza a depositar en las entidades locales así como en el propio ciudadano la responsabilidad para completar esta importante revolución.

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Fuentes:
(1) Electric Vehicules Policy in Norway (Scotland's centre of expertise connecting climate change research and policy)
(2) The Norwegian EV Association

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