Tierra de Nadie: ¿Por qué tecnología y medio ambiente en un mismo blog?

Tecnología y Medio Ambiente

Las generaciones actuales somos testigos de un punto de inflexión. El paso del tiempo y los cambios van de la mano, aunque éstos últimos, a diferencia del primero, no se producen siempre a igual velocidad. A lo largo de nuestra historia (corta, desde un punto de vista geológico) ha habido momentos en los que al concurrir una serie de factores los cambios se han acelerado. Así ocurrió, por ejemplo, cuando los homínidos desarrollaron la capacidad de hablar, momento en el que nuestra habilidad para enfrentarnos a las adversidades ya no dependía únicamente de la información grabada en nuestros genes. A partir de ese momento, el conocimiento, gran parte basado en la experiencia, se podía transmitir. La inteligencia colectiva estaba dando sus primeros pasos.

Después llegó la escritura. Ahora ya no era únicamente nuestra memoria la que nos permitiría perpetuar y transmitir nuestro conocimiento, ahora podíamos asegurar esta transferencia de “saber hacer” de una forma perenne. El conocimiento, esa poderosa arma que ha permitido al hombre retroalimentar su propia evolución y convertirse en señor absoluto de su entorno, tenía ahora notarios dispuesto a dejar un legado para las futuras generaciones.

Entre tanto, la aparición de la agricultura, conjuntamente con la ganadería, suponía de nuevo un punto de ruptura sin parangón: los cazadores-recolectores obligados a vagar en busca de lugares en donde encontrar el sustento podrían, a partir de ahora, asentarse. El nomadismo daba pasa al sedentarismo y con él, se producen las primeras grandes concentraciones humanas entorno a importantes cuencas fluviales, allí donde los cultivos se adaptaban mejor. Con las primeras ciudades y con los alimentos garantizados, nuevas formas de interrelación aparecen: el comercio se extiende no solo a los bienes sino también a los servicios, y éste fomenta el intercambio entre distintos grupos, enriqueciendo de nuevo la inteligencia colectiva.

El camino dista de ser lineal, con altibajos en los que la capacidad del hombre para imponerse al resto de las especies y a las adversidades del entorno, se vuelve a veces contra el mismo. Las guerras por la supremacía de determinados grupos respecto a otros, son un buen ejemplo, pero no es hasta llegada la Revolución Industrial que se empieza a vislumbrar el verdadero poder del hombre para influir sobre su entorno. Es en este preciso momento en el que, con la automatización de los procesos y el uso abusivo de combustibles fósiles , empezamos a ser protagonistas de los desequilibrios a nivel medioambiental. Muchos expertos defienden que nuestra primera contribución al incremento de CO2 empezó con el desarrollo masivo de la agricultura, acompañada en muchos casos de una importante deforestación, pero lo que los registros históricos nos muestran de forma indiscutible son los efectos de nuestra huella a partir de la Revolución Industrial: aumento exponencial del C02 con su consecuente efecto invernadero, calentamiento global, acidificación de los océanos, etc. La tecnología, la hasta ahora gran aliada del hombre en su carrera por la supremacía absoluta en el planeta, aparecía por primera vez como una amenaza capaz de aniquilar a la especie.

Con la llegada de los ordenadores, la inteligencia artificial, la automatización, la robótica  y la interconexión estamos delante de una nueva revolución. Las fronteras físicas han desaparecido en lo que se refiere al intercambio de información. La globalización, con sus diferentes vertientes, tiene un efecto de catarsis en lo que concierne a la inteligencia colectiva. Si en época de la Ilustración sólo unos pocos elegidos tenían a su disposición un compendio de libros que lo cambiaron todo (la “Enciclopedia”), hoy el acceso al conocimiento en su sentido más amplio es posible desde cualquier lugar del planeta. La retroalimentación del conocimiento que ha sido siempre motor de evolución a lo largo de nuestra historia es ahora, más que nunca, un arma extremadamente poderosa de cambio, pero esta vez a un ritmo sin precedentes conocidos. Es aquí donde reside la principal amenaza: los ecosistemas tienen una capacidad casi infinita de recuperación cuando los desequilibrios se producen durante un intervalo de tiempo suficientemente, pero esta capacidad se reduce enormemente cuando estos cambios tienen lugar de forma abrupta, acelerada.

Es momento de que la gestión del conocimiento, de la tecnología, se haga de manera responsable, que los criterios de rentabilidad no se midan a corto plazo y que esta rentabilidad se pondere priorizando criterios sociales y no puramente económicos. Sin duda hay espacio para que la tecnología sea motor de cambio y de progreso sin que este cambio se consolide como una verdadera amenaza para los habitantes del planeta. Lo que a estas alturas ya resulta crítico es el saber cuánto tiempo nos queda para hacerlo.

 

 

 

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2 Comments

  1. La Ilustración fue un fenómeno incompleto. Dejó fuera a las mujeres. Sin ellas, sin nosotras, ningún cambio esencial es posible. La tecnoecología tiene la oportunidad de facilitar el cambio. Pero hasta que las mujeres participen plenamente, en todas partes, el riesgo de catástrofe permanece.

    El ecofeminismo debería ser un aliado a la causa tecnoecológica. O es así, o no será.

  2. Me parece acertado el análisis, si bien tambiénn comparto parcialmente la opinión de patricia, ya que si bien es cierto lo que dice de las mujeres y de todo lo que ellas puedan aportar, no es menos cierto que no creo que el riesgo de catástrofe se deba o no a la participación femenina, en ese aspecto he de añadir que soy bastante pesimista ya que entiendo que el desastre no depende del sexo, sino que es parte de la condición humana.
    Está intrínsecamente vinculado a la inteligencia humana, a su negligente uso y abuso.
    Yo entiendo que la inteligencia humana pudo haber sido el motor de una evolución, el ser humano como motor de una evolución digamos, usando terminología actual “sostenible”, y sin embargo, es esta inteligencia (O supuesta inteligencia) la que ha condenado al hombre (espero que no al planeta), al utilizarla hacia fines equivocados hemos errado también en los caminos, ya que cortoplacistas como somos, no somos capaces (o también puede ser que nos importe una mierda) de prever nuesto que nuestro impacto (para conseguir metas absurdas y como digo cortoplacistas)en la naturaleza será la causa de nuestra extinción.
    Por ello entiendo que ahora las posibilidades de cambio pueden ser reales (ya que antes estaban en manos, exclusivamente, de quien precisamente expoliaba y destruia en beneficio propio) pero a pesar de estar ahí, no van a dejar que las pongamos en marcha ya que implicarían unos cambios enormes en sistemas de producción, obtención de beneficios y su maximización (que a la postre es lo que ha sido siempre el motor de la humanidad y una de sus metas).
    Por ello entiendo que no depende de si las mujeres o no acceden a los mecanismos de poder, sino que son estos propios mecanismos, auspiciados desde la sombra por grandes corporaciiones, los que no dejarán que esos cambios se produzcan hasta no tener la certeza de estar en cabeza, nuevamente, cuando estos se produzcan.
    tu mismo lo comentaste en el post referido a las nuevas fuentes de energía y el propio impuesto al sol (esto solo es a modo de ejemplo, ya que hay cientos y cientos de ejemplos de gobiernos que favorecen a coropraciones en detrimento de sus ciudadanos y de la naturaleza) que nuestro gobierno a aprobado en beneficio, cortoplacista, de las grandes empresas nacionales, y si eso pasa en España, imagínate donde se cuece el poder de verdada a nivel mundial… no creo que permitan a una tribu amazónica seguir disfrutandod e su paraiso sin en su suelo hay algo que ellos quieran.
    Tristemente esto es lo que me ha demostrado la experiencia. El ser humano, por su propia condición, tuvo en sus manos ser el arquitecto de una sociedad en armonía con la naturaleza, pero en un momento dado decidimos equivocar la meta…

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