El futuro de Europa pasa por una Revolución Verde

El pasado dieciséis de julio, la candidata a la presidencia de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, presentaba las líneas básicas de su programa ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo. Por primera vez el candidato a presidir el máximo órgano ejecutivo de la Unión Europea era una mujer y, también por primera vez, el primer tema que abordaba en su discurso trataba de los grandes retos medioambientales a los que nos enfrentamos. Lo hacía haciendo referencia al movimiento mundial que otra mujer, esta vez una adolescente, estaba liderando para exhortar a los gobiernos de todo el mundo a que actuasen ya que no había tiempo a que ella y las personas de su generación lo hiciesen…

Aunque el tema central versó sobre las emisiones de gases de efecto invernadero, concretamente sobre las emisiones de CO2, la candidata evocó otros problemas que están poniendo en riesgo el futuro del planeta, como pueden ser las emisiones industriales descontroladas, el uso indiscriminado de plásticos, de pesticidas o de productos químicos en general, como los disruptopres endocrinos, cuyos efectos a medio plazo están lejos de estar claros. Todo ésto con importantes efectos para la estabilidad climática de la Tierra, la salud de sus habitantes y el mantenimiento de su biodiversidad. Además, hizo hincapié en los problemas de gestión de unos recursos que son finitos y que el actual sistema basado en una economía lineal no hace mas que agravar.

El problema no es nuevo, lo que sí parece serlo es la urgencia requerida en ponerse a resolverlo. También ante el Parlamento Europeo, pero algunos meses antes, Greta Thunberg decía a los allí presentes que “…quería que entrasen en pánico, como si su casa estuviera en llamas”. La dialéctica utilizada por Greta hay que contextualizarla e interpretarla dentro de un escenario en el que las acciones llevadas a cabo por los gobiernos se han mostrado, a todas luces, insuficientes. Y lo que es más importante, en un escenario en el que el tiempo para ponerlas en marcha se acaba.  Que el tiempo para reaccionar se agota viene avalado por dos aspectos fundamentales. El primero, existe la convicción científica de que los límites de emisiones establecidos en el Acuerdo de París, que deberán aplicarse a partir de 2020, ya no serán suficientes para mantener el aumento de temperaturas dentro de los límites considerados como “seguros”. El segundo, hay una alarmante reducción de la biodiversidad a lo largo y ancho del Planeta que alcanza cifras no vistas desde hace más de 65 millones de años, entre el periodo Cretáceo y Terciario, cuando los dinosaurios se extinguieron. Es, como se conoce ya en el mundo científico, la Sexta Gran Extinción.

Si el problema es grande también lo deben ser los recursos y las políticas puestas en marcha para resolverlo. Cuando en 1933, Franklin D. Roosevelt, se encontró con una sociedad americana fuertemente tocada tras el crac financiero del 29, impulsó un ambicioso plan para luchar contra la Gran Depresión. En un país que, paradójicamente, con el tiempo se ha convertido en un icono de la economía liberal, Roosevelt desplegó un profundo plan intervencionista que denominó “New Deal”, logrando equilibrar de nuevo la economía americana con medidas orientadas principalmente a proteger a las capas más vulnerables de la sociedad. Y lo hizo con políticas de fuerte inversión pública que aumentó de forma importante la deuda. Este plan contribuyó sin duda a que Estados Unidos saliese de aquella profunda crisis. La idea de un nuevo “Green Deal” ha sido recuperada recientemente por la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez que, junto con otros congresistas de su partido, intentan que el próximo candidato demócrata a la Presidencia de los EEUU lleve en su programa un “New Green Deal” que busque retomar el liderazgo económico americano amenazado por China, esta vez apoyándose en la “revolución verde” a la que más pronto que tarde habrá que enfrentarse.

Guste o no, el problema es global y, guste o no, los problemas a nivel global sólo los pueden abordar grandes bloques. La Unión Europea sigue siendo un de ellos, y mientras así sea, le toca jugar un papel de liderazgo en el mismo. Hay un grave problema medioambiental pues vivimos en un mundo de recursos limitados en el que cada vez habitan más personas. Y éste problema va a influir de forma determinante en cómo se distribuyan esos recursos, por lo que no hay más remedio que hacerle frente. El modelo económico actual, un modelo lineal basado en el crecimiento indefinido, es el primer responsable de la situación en la que nos encontramos. Que haya sido un modelo más o menos válido hasta ahora no lo hace ni mucho menos válido para el futuro. 

Todos los grandes cambios suponen, de alguno manera, una revolución. Pero hay formas de hacer dicha revolución amparada por organismos que la supervisen. Al igual que pasó en EEUU durante la Gran Depresión, no se puede dejar a los mercados que se ocupen del problema, pues no lo harán, simplemente lo agravarán. Europa debe poner en marcha este “New Green Deal” y aprovechar esta oportunidad para recobrar la confianza de los ciudadanos. Y no se podrá llevar a cabo si el sistema no se revisa desde sus raíces, porque nunca fue tan necesario como ahora un sistema solidario que redistribuya los recurso de forma justa. Es una oportunidad de oro para volver a poner sobre la mesa viejos problemas que no han sido todavía completamente solucionados y que ninguno de los sistemas anteriores, concretamente el sistema capitalista, han sabido resolver. 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


*