Que no te engañen

Si has llegado hasta aquí, ya formas parte de ese pequeño grupo de personas que intentan forjarse un criterio fuera de los canales habituales, esos canales que corren un mayor riesgo de estar más controlados y expuestos a todo tipo de manipulación. El hecho de que estés leyéndome me da una ventaja a la hora de exponer mi idea,  pues es muy probable que pertenezcas al reducido grupo de los que se hacen preguntas y evitan sacar conclusiones precipitadas. Esto no es un matiz en un mundo el que, en especial con los nuevos medios de información, es difícil escapar a los encendidos debates de posturas polarizadas en los que uno ya sabe lo que va a defender el contrincante si conoce el grupo político, ideológico o geográfico al que éste pertenece. Los debates medioambientales, como no podía ser de otra manera, forman parte de esas discusiones en las que habitualmente encontramos a integristas de los dos bandos ocupando más tiempo en descalificar al adversario que en realmente exponer argumentos que permitan al otro comprender mejor nuestra forma de ver las cosas.

Hace años que, por ejemplo, el problema de los gases de efecto invernadero está sobre la mesa. Durante estos años hemos podido ver como, partiendo de una postura de una cierta incredulidad de la comunidad científica, se ha llegado a otra de casi unanimidad sobre el tema. Esta evolución de la comunidad científica ha venida seguida de una transición parecida del grueso de la población, con un cierto retraso debido al tiempo que el ciudadano medio requiere para “digerir” mensajes que en un principio pueden resultar difíciles de entender, sobre todo por el “ruido” interesado de determinados sectores, más preocupados de su bolsillo que del interés general. Un ejemplo: no todo el mundo entiende que un calentamiento medio global del Planeta de dos grados pueda tener efectos devastadores, pues no son evidentes estos efectos cuando nuestra experiencia personal nos dice que una diferencia de dos grados no supone una gran cosa… 

Recientemente se ha sabido de la existencia de informes internos elaborados hace décadas por alguna de las principales petroleras a nivel mundial, como es el caso de Exxon, en dónde se había predicho, de forma increíblemente precisa, el aumento de temperatura que estamos experimentando. Y lo que es más importante, se sabía de la relación directa del aumento de esta temperatura con las emisiones de CO2 fruto de la combustión de los hidrocarburos que ellos explotaban. Esos informes no sólo permanecieron ocultos en un cajón, si no que fueron negados insistentemente por grupos financiados por las mismas empresas que los habían encargado. El caso de las emisiones de gases de efecto invernadero no es único, podríamos enunciar múltiples ejemplos en los que la mayor parte de la población tuvo conocimiento tardío de estudios contrastados y en dónde el legislador, que suele ir al ritmo que marca la opinión pública, legisló tarde, faltando a su deber de protección de los derechos fundamentales de aquellos  a los que representan.

¿Es posible hacer frente a estas manipulaciones? La respuesta no es sencilla pero sí hay hueco a la esperanza. Cada vez más, debemos ser responsables de nuestras propias decisiones. Tenemos la posibilidad y la obligación de interesarnos por los asuntos que consideremos más relevantes. Debemos crear los canales necesarios que nos permitan acceder a las fuentes más fiables. No todo lo que se publica o se difunde vale lo mismo, y ésto es todavía más cierto en un mundo en el que cualquier “terraplanista” puede publicar su propio contenido. Debemos informarnos e interesarnos por aquellos temas que afectan a nuestro futuro, a nuestra salud, y debemos exigir a nuestros gobernantes que estos asuntos sean tenidos en cuenta. Para ésto, la misma premisa de “fuente fiable” se aplica: no todos los partidos defienden las mismas medidas, ni todos los políticos son igualmente fiables. Debemos acostumbrarnos a conocer las medidas que defienden cada grupo político, a exigir que se apliquen una vez salen elegidos y a no votarlos de nuevo si no cumplen con sus compromisos.

Si además de hacer todo ésto, formas parte de aquellos que creen que lo que beneficia a muchos es mejor que lo que lo hace a unos pocos, que ser solidario es un valor fundamental y no un acto de caridad, y que avanzando juntos sin dejar a nadie atrás, especialmente a los más vulnerables ,es el único camino, entonces formaremos un ejército que conquistará el futuro sin necesidad de dar ni un solo tiro. Y el campo de batalla sólo es uno, se llama Planeta Tierra y no hay otra senda que cuidarlo.

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